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Síndrome de Asperger

El síndrome de Asperger es un trastorno neurobiológico del desarrollo, que se incluye dentro de los trastornos del espectro autista. A diferencia del autismo clásico, los niños con Síndrome de Asperger pueden no presentar ningún retraso en el desarrollo del lenguaje y suelen tener un vocabulario elevado a etapas tempranas. Tampoco suelen presentar retrasos en el desarrollo cognitivo, por lo que su inteligencia es igual o superior a la media. Como ocurre con cualquier otro trastorno, no existen dos niños iguales y cada caso puede tener características específicas, si bien todos ellos presentan anormalidades en tres aspectos del desarrollo: habilidades y relaciones sociales, en el uso comunicativo del lenguaje y en tener comportamientos repetitivos y perseverantes con una limitada gama de intereses.

Las características principales del niño con Síndrome de Asperger son:

  • Falta de interés en relacionarse con niños de su misma edad. 
  • Ausencia de juego interactivo y social. 
  • Lenguaje excesivamente mecánico, que sólo supone problema a la hora de utilizarlo con fines comunicativos.
  • Tono de voz monótono, pausado, excesivamente alto…
  • Dificultad para reconocer las emociones propias y las de las demás personas.
  • Intereses muy restringidos y limitados: horarios de trenes, colecciones de objetos poco usuales… 
  • Comportamientos inadecuados socialmente.  
  • Baja tolerancia a la frustración y grandes rabietas ante cambios inesperados en la rutina (Rigidez excesiva).
  • Fijaciones hacia temas u objetos concretos - Obsesiones.  
  • Comprensión literal del lenguaje (dificultad para entender ironías, hacer inferencias…). 
  • Ausencia de contacto ocular y pobre expresión facial y gestual 
  • Torpeza motora. 
  • Aleteo repetitivo con los dedos, manos o pies.
  • Baja motivación y problemas escolares.
  • Agresividad.

En algunos casos el S.A. va asociado a otro tipo de trastornos y patologías, como por ejemplo: Trastorno de déficit de atención con/ sin hiperactividad, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno específico del lenguaje, ansiedad, depresión, problemas de autoestima…

Es necesario hacer una evaluación exhaustiva de cada niño, a través de la observación directa y de la información aportada por los familiares del niño para enfocar a cada caso concreto el tratamiento necesario.