Escuela de padres

 Los niños, sobre todo cuando son muy pequeños, manifiestan la aparición de un problema mediante un cambio de conductas, es decir, hacen cosas que antes no hacían y viceversa. Estos comportamientos llamativos nos sirven a los adultos para que reparemos en que es posible que  algo extraño está sucediendo.

Entre estos comportamientos más frecuentes encontramos:

  •  Berrinches
  • Travesuras
  • Amigos imaginarios y fantasías
  • Mentiras
  • Tartamudez
  • Insomnio
  • Comportamiento inmaduro
  • Enuresis y encopresis ( problemas en el control de esfínteres)
  • Apego excesivo
  • Malestares físicos frecuentes
  • Comportamiento antisocial
  • Falta de amigos
  • Problemas a la hora de comer

La edad, el tiempo que llevan produciéndose estas conductas, la intensidad y la frecuencia de éstas, son factores importantes a tener en cuenta, porque como decíamos antes serán clave para detectar si el niño o la niña presentan algún problema mayor al que se asocian estas conductas. Otras veces, simplemente podemos hablar de un problema de comportamiento, donde la acutación como padres es fundamental, ya que en muchas ocasiones, sin darnos cuenta somos nosotros quienes reforzamos estos comportamientos. En estos casos, además de trabajar con el niño, los padres deberán llevar a cabo una serie de pautas para que el comportamiento vaya mejorando.

En cualquier caso, los pilares fundamentales para resolver los problemas infantiles se basan en establecer una serie de normas y unas consecuencias derivadas del incumplimiento de esas normas, así como una disciplina coherente. En esta línea, algunos consejos a tener en cuenta son:

  • Ser claros en aquello que esperamos de nuestros niños, ya que le así aportamos a los niños seguridad.
  • Transmitir al niño responsabilidades acordes a su edad y a su madurez, ya que si exigimos mucho a destiempo, los efectos serán contraproducentes.
  • No debemos ceder ante la demanda de nuestros niños.  La autoridad la tenemos nosotros como padres y ésto ha de tenerlo claro el niño o la niña.
  • Considerar que algunos comportamientos de los niños se siguen produciendo, porque nosotros los reforzamos.
  • Debe existir un equilibrio entre recompensas y castigos.
  • Las normas son fundamentales y es necesario establecer una serie de consecuencias para el cumplimiento y el incumplimiento de éstas.

En resumen, hay que ser claros, consisos, coherentes y consistentes. Importante que haya acuerdo entre ambos progenitores y personas que se encargan de la educación de los más pequeños.

¿Qué es una buena norma?

  1. Debe ser razonable
  2. Los padres deben de saber distinguir cuándo se ha cumplido la norma y cuándo no.
  3. Debe estar descrita con detalle
  4. Debe establecerse un límite de tiempo para ser cumplida
  5. Debe incluir alguna consecuencia prevista si la norma no se cumple…

Además, a menudo el mal comportamiento de los niños es una petición de límites a los padres, donde la coherencia y la firmeza juegan un papel fundamental. Y como todo, los buenos comportamientos deben aprenderse, porque los niños no muestran conductas inapropiadas ni elecciones razonables espontáneamente. Por tanto,

¿Cómo debe ser una buena disciplina?

  1. Inmediata
  2. Coherente
  3. Segura
  4. De fácil aplicación
  5. Justa
  6. Positiva: solución y ayuda continua
  7. Apropiada en intensidad a la edad del niño
  8. Eficaz

¿Cómo no debe ser una buena disciplina?

  1. Dejar las cosas sin terminar
  2. Cambiar las reglas a mitad del juego
  3. Amenazas huecas y advertencias vanas
  4. Requerir esfuerzos demasiado grandes para ser eficaz
  5. Tener que ser severa a la fuerza
  6. Humillar
  7. Deteriorar las relaciones
  8. Hacer que una de las partes implicadas se sienta mal respecto a sí misma.

En definitiva, ser padres no es tarea fácil y sencilla, pero si todos nos esforzamos en conseguirlo, el cambio y la mejora del comportamiento es posible en los más pequeños.