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Comunicación en la vejez

Socialización en la tercera edad
La importancia de la comunicación en la vejez

En la vejez, la comunicación cobra especial relevancia ya que es uno de los pocos medios que permite mantener la participación social. Esto ayuda a reducir su sensación de soledad y, por tanto, a mejorar su bienestar emocional y su calidad de vida.

La presencia de la demencia en la vida de las personas suele implicar el deterioro progresivo de capacidades como el habla, el lenguaje o la memoria. Ante esta situación, debemos realizar un esfuerzo activo por tratar de escuchar, comprender y acompañar a la persona en su proceso comunicativo.

Las dificultades pueden apreciarse a través de preguntas o palabras que se repiten, mensajes ininteligibles o frases que se quedan sin completar. Ante estos síntomas, es habitual frustrase, corregirles e incluso exaltarse.

Sin embargo, este tipo de reacciones pueden provocar un aumento de la ansiedad en la persona mayor y, a la larga, disminuir sus intentos por comunicar sus necesidades.

Pautas y herramientas para comunicarnos de una manera fructífera

Para comunicarnos con personas con demencias hay diferentes pautas y habilidades que debemos tener en cuenta para conseguir una comunicación efectiva:

  1. Generar un contexto tranquilo. Debemos esforzarnos en ofrecer un entorno seguro y tranquilo a la persona dónde poder expresarse. Se debe eliminar cualquier distractor que pueda favorecer que la persona pierda el hilo de la conversación.
  2. Nombre. Es importante que nos dirijamos a la persona por su nombre, ya que ayudará a que se sienta identificado y centre su atención en nosotros y en nuestra conversación.
  3. Comunicación sencilla. Cuando seamos nosotros quiénes hablemos, debemos tratar de adaptarnos a la persona con demencia.  Debemos utilizar un lenguaje claro y sencillo, emitir preguntas cortas, tratar de hablar despacio y en un tono que la persona reconozca como amable.  En ocasiones tendremos que hablar más alto o esforzarnos por vocalizar más para que nos entiendan.
  4. Paciencia. Debemos cultivar nuestra paciencia y entender que el proceso que una persona mayor necesita para emitir un mensaje será más lento y costoso. Darles su espacio y su tiempo es necesario para crear un clima de respeto y confianza, dónde la persona, más allá de sus limitaciones, se sienta cómodo para expresarse.
  5. Escucha activa. La escucha activa consiste en entender el mensaje y reaccionar, tanto de forma verbal como no verbal, ante él. Hay diferentes expresiones que podemos usar mientras la persona habla para hacerle ver que le estamos escuchando, así como gestos que le animan a continuar hablando. Algunos ejemplos son asentir con la cabeza, mantener una postura inclinada hacia nuestro interlocutor o contestarle afirmando su discurso.
  6. No sustituir ni dar por hecho. Es preciso que dejemos que la persona comunique aquello que nos quiere decir hasta el final, sin finalizar sus frases por ella ni dar por hecho lo que quiere decirnos. Esta tarea será fundamental para fomentar su comunicación y su autoestima. De lo contrario, la persona podrá sentirse frustrada y, progresivamente, ir disminuyendo sus intentos comunicativos
  7. No corregir. En estados avanzados de demencias, podemos encontrarnos que la persona pregunte por familiares fallecidos, no reconozca su casa ni a sus seres queridos e incluso emita frases incoherentes. En casos como este, debemos tratar de reconducir la situación sin corregirles ni darles noticias que puedan tener gran impacto emocional en ellos. Por ejemplo, si nos preguntan por sus padres, en lugar de decirles que hace años que fallecieron, podemos orientar la conversación hacia ellos y su infancia sin necesidad de mentir ni tampoco corregir. Podríamos hacer preguntas como ¿cómo se llamaban tus padres? ¿A qué se dedicaban? ¿dónde vivíais cuando eras niño/a?
  8. Lenguaje no verbal. Gracias al lenguaje no verbal podemos mostrarle a la persona que le estamos atendiendo y podemos fomentar que continúe hablando. Es importante que centremos nuestra atención en la persona y que no realicemos otras actividades mientras hablamos con ella, así como que le miremos a los ojos, asintamos con la cabeza y mantengamos una postura inclinada hacia nuestro interlocutor. En algunos casos, el contacto físico, como coger sus manos, también puede ser de gran ayuda para que la persona se sienta cómoda y escuchada.

La comunicación en esta etapa de la vida refuerza su identidad personal, favorece la autoestima, la participación social y, en definitiva, la calidad de vida. En ocasiones, generar un entorno seguro, usar palabras sencillas y emitir pequeños gestos, sirven para fortalecer la conexión con nuestros seres queridos. Es clave comprender que en esta etapa de la vida la comunicación no desaparece, sino que se transforma.

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