Esta pregunta no es solo una inquietud mundana sino que también ha sido objeto de estudio científico. Los factores que predicen la estabilidad y satisfacción de la pareja han sido estudiados por investigadores como Gottman.
Los autores proponen el concepto de la pareja como un estado de equilibrio regulado por un sistema de retro-alimentación entre los miembros. Distinguen así, a las parejas que se influyen mutuamente de las que no. Sus hallazgos concluyen que las parejas de influencia mutua resultan más estables. Por otro lado, las parejas que se llevan bien son aquellas que por cada interacción negativa, tienen cinco positivas. El factor que mejor discriminó entre parejas felices e infelices fue el “afecto negativo recíproco”. Esto es, la capacidad de inducir en el otro emociones desagradables como la rabia, la pena, el desprecio o el asco.
Los autores se refieren a los factores con mayor fuerza predictiva de la separación de la pareja como los cuatro jinetes del Apocalipsis. Estos fueron el criticismo, la defensividad, el desprecio y la indiferencia.
- El criticismo supone una actitud de crítica constante hacia los rasgos y conductas de la otra persona. Encaja muy bien con la defensividad que es una actitud de defensa mantenida en el tiempo que puede reflejarse en contraatacar, eludir responsabilidades, negar situaciones o victimizarse.
- El desprecio es una actitud verbal o no verbal que expresa la poca valoración por el otro y resultó ser el mejor predictor del divorcio. La indiferencia consiste en distanciarse durante los conflictos. Por ejemplo evitando el contacto visual, usando frases cortas sin tono emocional o contestando con sonidos o monosílabos.
Estos cuatro jinetes dan lugar a dinámicas que con el tiempo tienden a perpetuarse y en ocasiones dañan la pareja. Aun así, se encuentran factores como el criticismo, la defensividad o la indiferencia en relaciones que funcionan y se mantienen.
En estas parejas prima la reparación, el afecto, el amor y el interés. Una diferencia fundamental es la aceptación de intentos de reparación de los daños en la pareja. También lo es la aceptación de ser influido por la pareja. Esto facilita legitimar el punto de vista del otro durante las discusiones, y por tanto, escucharlo, interesarse por él e incluso comprenderlo.
En terapia de pareja aprendemos a escuchar al otro desde la apertura y el interés genuino, trabajamos en modificar las dinámicas dañinas, aprendemos a reparar y aceptar los daños, aprendemos sobre lo que nos hace daño a nosotros mismos y al otro. La terapia de pareja no sirve para señalar culpables, mantener dinámicas disfuncionales ni dar la razón a este o aquel miembro. La terapia de pareja es una opción para vuestra relación si queréis que funcione pero no sabéis cómo, si estáis dispuestos a cambiar, escuchar, reconocer errores y sobretodo, a daros otra oportunidad.















