Hablamos de delirios cuando identificamos construcciones de pensamiento bizarras y extravagantes, que implican cierta desconexión con la realidad. Se acompañan de una gran convicción de que el delirio es real. Y normalmente, existe una alta reactividad cuando éste se cuestiona.
A pesar de ser un fenómeno llamativo que a muchos asusta, no deja de ser un intento de adaptación al entorno. Todos interpretamos la realidad y reaccionamos ante ella, aunque no siempre con el mismo éxito. Se dice, que el que no puede tener una reacción emocional ante un evento altamente perturbador o traumático, construye un delirio donde ésta tenga cabida.
Los errores de pensamiento son una posibilidad más de la naturaleza verbal del ser humano. Todos podemos incurrir en ellos. De hecho, los delirios se construyen en torno a temas mundanos. Algunos de los delirios que recoge la literatura son el de infidelidad, el religioso, el de persecución, el de referencia o el de grandeza, entre otros.
La principal diferencia entre estos errores de pensamiento y los delirios es el grado de convicción con el que se viven. El delirio no se vive como una creencia, sino como una evidencia de la realidad. Asimismo, todo juicio delirante es erróneo, pero no todo juicio erróneo es delirante. Estos errores de pensamiento suelen anclarse en una biografía y suelen construirse en torno a temas que son intolerables o altamente perturbadores para el sujeto.
A través del cine hemos importado numerosos estigmas en torno a los trastornos de pensamiento. Como que las personas desconectadas de la realidad son peligrosas, agresivas o incluso asesinos en serie. La falta de profundidad en el desarrollo de estos personajes no nos permite comprender como espectadores el origen o el para qué de esos delirios. Y eso hace que nos relacionemos con miedo con las personas que los viven.
Con este blog se pretende motivar al lector a hacer una lectura más empática de aquellos que sufren. El que está convencido de que le persiguen, sufre como si le persiguieran de verdad. La desconexión social es un factor determinante en este salto de la creencia errónea al delirio. Al dejar de expresar sus creencias por las reacciones de incredulidad o burla, cada vez uno se convence más de sus delirios y se aisla más.
No es fácil acertar, ya que reforzar un delirio, dar la razón, también resulta perjudicial. Sin embargo, favorecer esa comunicación a través de una escucha empática puede ser suficiente. Ayudar a la persona a pedir ayuda. Devolver lo emocional de la experiencia subjetiva que nos relatan. Conectarle con la realidad a través de otros contextos o actividades. No deshumanizar, ni estigmatizar, resulta desde luego fundamental.
















